El “inofensivo” teléfono celular: Ataúd del Congo

Ahora lo sabes!

Se venden como pan caliente. Parecen la tecnología más eficiente, “imprescindible” e inofensiva del  Mundo. Su propaganda con modelos publicitarios está infaltablemente presente en todo medio de difusión masiva. Parece que no hay nada malo en tenerlos, en regalarlos… Sin embargo muchos de nosotros podemos estar siendo sin querer cómplices inconscientes de aquellos que (con una codicia e infamia protervas) están destruyendo, en nombre del “Progreso”,  al segundo pulmón verde del planeta después del también amenazado Amazonas: las selvas y bosques del Congo, galaxia de la biodiversidad y hogar de innumerables especies, ahora severamente amenazadas. Este informe explica por qué. Esta es la tragedia oculta que se esconde detrás de los teléfonos celulares.

LAS MONTAÑAS ORIENTALES del Congo son una región de diversidad biológica inmensa y morada de animales en serio peligro de extinción (como el hipopótamo, el rinoceronte, el bonobo y el okapi, etc), incluyendo a uno de nuestros parientes genéticos más cercanos junto con el orangután y el chimpancé, que también están en grave riesgo de desaparición: el gorila de montaña (gorilla beringei). El Parque Nacional de Virunga y sus zonas aledañas, de este lugar estamos hablando, eran hasta hace poco uno de los lugares más bellos y luminosos de la Tierra, un auténtico Edén, pero la infinita codicia de algunos hombres y la rapiña criminal de inescrupulosas empresas multinacionales, pueden acabar rápida y definitivamente con este paraíso y, por supuesto, con el legendario gorila de montaña (a cuyo servicio y estudio, exactamente en ese mismo lugar, transcurrieron dieciocho años de la vida de la célebre etóloga Dian Fossey, hasta que cayera víctima de las balas asesinas de los traficantes de fauna).

Coltán y niobio. ¿Les suenan estos nombres? Tal vez cobalto y uranio les resulte más familiar. Con toda seguridad sepan de qué se trata cuando hablamos de oro, diamantes, cobrey estaño. Son todos minerales que se encuentran en las montañas de esta región de la República Democrática del Congo (RDC), en áreas que por ser parques nacionales (declarados además Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) supuestamente deberían ser zonas protegidas. Sin embargo no lo son (aunque hay heroicos mártires que han dado su vida para defenderlas (sólo en el Virunga ya han sucumbido, asesinados, casi un centenar de rangers, de guardaparques), y la “abominación de la desolación” que se perpetra allí pone al desnudo del modo más descarnado no sólo la porfía de estas infames multinacionales, sino también a la mismísima socarrona hipocresía internacional – que, como Poncio Pilatos, siempre se lava las manos a la hora de elegir entre el Jesús de la preciosa vida biosférica y el “imprescindible” Barrabás del progreso tecnolátrico.

Pero detengámonos en los cuatro primeros minerales que nombramos y veamos para qué se utilizan.  El coltán, abreviatura de colombio-tantalio, se encuentra en suelos de una antigüedad de tres mil millones de años, como aquellos de la región del Valle de la Hendidura de África. Se usa junto con el niobio para la fabricación de los diminutos condensadores esenciales para el manejo del flujo eléctrico de los teléfonos celulares. Y los otros dos, el cobalto y el uranio, son dos elementos también esenciales para las industrias nuclear, química, aerospacial y armamentística. De estos cuatro, los dos primeros prácticamente sólo se encuentran en esta región del Globo (alrededor del 80% de las reservas mundiales de coltán, para ludibrio del Congo, se hallan aquí). Por el control (sobre todo) de estos cuatro minerales raros comenzó en el corazón de África una guerra tremenda. 

Desde 1996, esta martirizada nación centroafricana vive una tragedia continua donde (según Amnistía Internacional) ya han perecido más de 3,9 millones de seres humanos a consecuencia de las invasiones y guerras patrocinadas por los poderes corporativos multinacionales que pretenden controlar la riqueza minera de la región. El motivo oculto del genocidio es precisamente el dominio de estos recursos naturales que buscan las corporaciones ávidas de los significativos minerales raros.

En 1996, EE.UU. patrocinó una invasión de fuerzas militares de las vecinas Rwanda y Uganda que ingresaron por el oriente de la RDC. Hacia 1998 tomaron el control y ocuparon las áreas mineras estratégicas. Muy pronto, el ejército rwandés comenzó a hacerse de más de 20 millones de dólares al mes con la minería del coltán. Aunque el precio del metal ha caído, Rwanda mantiene su monopolio de la explotación y comercio del metal de la RDC. Existe una lluvia de informes sobre desenfrenados abusos de los derechos humanos en esa región minera.

El coltán sale de las minas a puestos comerciales clave, donde lo adquieren mercaderes extranjeros que lo envían al exterior, principalmente a través de Rwanda. Las empresas con capacidad tecnológica suficiente convierten al coltán en el codiciado tantalio en polvo y luego venden esa “pólvora mágica” aNokia, Motorola, Compaq, Sony y a otros fabricantes que lo utilizan en teléfonos celulares y otros ingenios high tech. El periodista Keith Harmon Snow, de Z-Magazine, enfatizó en un artículo reciente que cualquier análisis geopolítico del Congo y de las razones por las que el pueblo congoleño viene sufriendo una guerra casi inacabable desde 1996, requiere una comprensión del crimen organizado perpetrado a través de los negocios multinacionales. La tragedia del conflicto del Congo se ha cristalizado con las inversiones de las corporaciones (hay multinacionales de EE.UU., Alemania, China y Japón desguasando la región), sus ejércitos tutelados y los cuerpos supra-gubernamentales que los apoyan.

Según Snow el proceso está amarrado en todos los niveles por las más grandes corporaciones, que incluyen a la Cabot Corporation y al OM Group, de EE.UU; a la HC Starck de Alemania; y a Nigncxia, de China. Todas éstas tienen vínculos con el Panel de Expertos de Naciones Unidas para las atrocidades en la RDC. Las redes criminales preparadas y mantenidas por las grandes compañías multinacionales practican rutinariamente la extorsión, el soborno, la violación y atroces matanzas. Mientras las corporaciones obtienen tasas de beneficio sin precedentes con la minería del Congo -hasta 6 millones de dólares en cobalto crudo salen a diario de la RDC-, raramente se menciona a estas compañías mineras en los informes sobre derechos humanos.  Un trabajo publicado por otro periodista que firma bajo el pseudónimo de Sprocket menciona que Sam Bodman, ejecutivo máximo de Cabot durante el boom del coltán, fue llamado por el Presidente Bush en diciembre de 2004 para desempeñarse como Secretario de Energía.

Bajo la dirección de Bodman, de 1987 a 2000, Cabot fue una de las más grandes contaminadoras de EE.UU, lanzando 60.000 toneladas anuales de emisiones tóxicas transportadas por el aire. Keith Harmon Snow  añadió que Nicole Seligman, la actual vicepresidenta ejecutiva y consejera general deSony, fue anteriormente consejera legal de Bill Clinton. Muchos que alcanzaron posiciones de poder en la administración Clinton pasaron a ocupar altos puestos en la Sony Corporation.  Un reciente artículo firmado por Snow y David Barouski, detalla el intrincado tejido de corrupción estadounidense y los variados conflictos de interés entre corporaciones mineras como la Barrick Gold (la misma que de la mano del gobernador Gioja  desembarcó hace poco en la provincia argentina de San Juan) y el gobierno de EE.UU bajo George Bush (padre), Bill Clinton y George W. Bush.

En el juego participan, además, distribuidores norteamericanos de armas como Simax y las compañías que fabrican material de guerra para el Pentágono, eufemísticamente llamadas “proveedores de Defensa” como Lockheed Martin, Halliburton, Northrop Grumman, GE, Boeing, Raytheon y Bechtel. También participan las organizaciones pseudo humanitarias como CARE, que es financiada por Lockheed Martin; el Comité de Rescate Internacional (International Rescue Committe), que tiene nada menos que a Henry Kissinger en su consejo de inspectores; “Conservation, cuyos intereses mantienen la vanguardia en la penetración occidental en África Central; y, claro, las empresas de relaciones públicas y grandes medios de comunicación de circulación nacional como The New York Times.

Sprocket cerró su artículo sobre el genocidio y la tragedia ecológica del Congo señalando que no es sorprendente que esta información no esté incluida en la folletería y en los manuales que vienen con los teléfonos celulares, computadoras o joyería de diamante. Los teléfonos móviles -sugiere Sprocket- deberían traer pegatinas en rojo que dijeran:  “¡Advertencia!: Este artificio se creó con materiales crudos del África central, minerales raros, no renovables, vendidos para consolidar una guerra sangrienta de ocupación que, además, ha causado la eliminación virtual de especies expuestas al peligro de extinción. Amigo: cuando usted compre un teléfono celular, sepa lo que está comprando. ¡Que tenga un buen día!”  La gente necesita comprender (afirma Sprocket) que existe un eslabón directo entre estos cada vez más sofisticados artilugios  que hacen más cómodas y sofisticadas nuestras vidas y la realidad de la violencia, tumulto y destrucción infernal que está desquiciando a nuestro mundo.

Actualización de Sprocket

Hay grandes fortunas que se han hecho fabricando electrónica de alta tecnología, vendida a conveniencia para que la disfruten los consumidores norteamericanos y europeos, los japoneses y los ricos y los “nuevos ricos” de Latinoamérica, China y la India, pero ¿a qué costo? Los conflictos en África se amortajan a menudo con la desinformación, mientras a EEUU y a otros intereses occidentales rutinariamente se les baja el perfil o simplemente se omiten en los grandes medios de comunicación corporativos. El 5 de junio de 2006, la historia de tapa de la revista Time titulada "Congo: El Peaje Oculto de la Guerra más Mortal del Mundo" no fue ninguna excepción. Aunque el artículo mencionó brevemente al coltán y su uso en los teléfonos celulares y en otros artilugios electrónicos, no se hizo ninguna mención sobre el papel gravitante de ésta y otras materias primas abundantes en la región en que se libra el conflicto. La historia periodística pintó la guerra continua como una tragedia lastimosa y horrible, omitiendo el rol de las corporaciones y de los gobiernos extranjeros que han creado el armazón de la violencia y a aquellos que obtienen del conflicto muy buenos resultados para sus intereses financieros y políticos.

En un artículo escrito por Johann Hari y publicado por The Hamilton Spectator el 13 de mayo de 2006, los medios de comunicación corporativos dieron un paso en dirección a la verdadera razón de la tremenda contabilidad de cadáveres que continúan amontonándose en la República Democrática del Congo: "El único cambio a través de las décadas ha sido los recursos naturales cogidos para el consumo occidental: caucho bajo los belgas, diamantes bajo Mobutu y hoy día, coltán y casterita".Lo más perturbador de todo esto en los medios de comunicación corporativos es que pasan totalmente por alto los efectos de este conflicto que llevaron a la población nativa a una vida no-humana. Incluso, otorgándole un alto perfil al mantenimiento del equilibrio de las especies en peligro, como el gorila de las tierras bajas orientales, casi conducido a la extinción por la cacería, raramente se considera la pérdida del hábitat de los lugareños desplazados de sus aldeas por las facciones belicosas, ni tampoco el ángulo medioambiental de la historia. El próximo paso, una vez entendida la explotación y la violencia introducida entre los habitantes de África central, es responsabilizar a corporaciones como Sony y Motorola de alimentar con el hambre y la destrucción los juguetes de alta tecnología que consumen EEUU. y las clases opulentas del Mundo. Estas corporaciones no desean movimientos de protesta que empañen su reputación.

Y sobre todo, tampoco deseanllamar la atención hacia el coltán que mata a los gorilas, ni sobre las guerrillas que subvenciona. Es hora de que nuestra civilización comience a otorgarle más valor a los seres vivientes, sean gorilas o humanos, que están presentes en nuestros juguetes habituales de alta tecnología, como los teléfonos celulares. Es hora de exigirle una existencia más compasiva a la plutocracia corporativa que crea mercados destructivos y al sistema de medios de comunicación que ha fabricado nuestro consentimiento. No se trata de cuestionar el uso de los teléfonos celulares (aunque ésa sería una gran salida). Lo que debemos cuestionar es la apropiación de nuestro planeta por un modelo que consume los recursos, en vez de respetar la vida de los hogares y las comunidades. "Genocidio de alta tecnología" y otros artículos sobre la tecnología del teléfono celular están disponibles pidiéndoselos al autor y escribiendo a: sprocket@riseup.net

Colaboración de Cristóbal Saura (Buenos Aires)


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